Un siglo y un océano de distancia
Por Jorge Vela En esta fría mañana, en la cual nos reunimos para conmemorar el natalicio de la hija predilecta de Coatepec, también vale la pena recordar lo que pasó hace una centuria, en el lejano año de 1926. Las calzadas coatepecanas experimentaban el paso de los primeros automotores, que hoy son tan comunes de ver; las relaciones entre el Estado Mexicano y la Curia Católica se tensaron; y en la distante península ibérica, España languidecía bajo la dictadura del general Primo de Rivera. Era una época de cambios para todos los mexicanos, no sólo para los de aquí, sino también los de allá, los que habitaban a un océano de distancia. María Enriqueta Camarillo y Roa, junto con su esposo, el historiador Carlos Pereyra, llevaba tiempo residiendo en Madrid. Su azarosa vida, al fin, tomaba un rumbo más estable, gracias a la esforzada labor que emprendieron en la escena cultural de aquella capital europea. El exiliado matrimonio escribía por pasión, sí, pero sobre todo para llevar el ...