A 106 años del sismo de Quimixtlán.

 



 Por Jorge Vela

Aquel 3 de enero también fue sábado, pero distaba mucho de ser un inicio de año tranquilo. Desde finales de 1919, pequeños movimientos de tierra se habían manifestado, impidiendo a la población disfrutar plenamente del nuevo ciclo que despuntaba.

Pero la noche de ese 3 de enero de 1920, todo se precipitó. Un poderoso sismo, con epicentro en las proximidades de Quimixtlán, cambió la realidad de miles de personas. Pueblos serranos como Cosautlán, quedaron hechos escombros, en tanto que otros centros urbanos, como Teocelo, Coatepec o Xalapa, padecieron enormes afectaciones.

Los muros de casas y edificios públicos, presentaron enormes fisuras y desplomes. Muchas de las bóvedas y cúpulas de los templos, se vinieron abajo. También se padeció por los enormes aludes de tierra que obstaculizaron los caminos y borraron rancherías enteras. Muchos veracruzanos y poblanos perdieron la vida en dicho sismo y las subsecuentes réplicas.


Mapa levantado por la comisión científica remitida por el Instituto geológico nacional


Ante la tragedia, diferentes sectores de la sociedad mexicana e internacional, se solidarizaron con los pueblos de nuestra región. Se demostró que la unión, era la mejor herramienta para superar el infortunio. Los habitantes de la sierra siempre les estaremos agradecidos por su preocupación y apoyo.

Hoy, los poco más de cien años que nos separan del infausto acontecimiento, han hecho estragos en la memoria, borrando de nuestro pensamiento inmediato, la onda tristeza y la indefensión que experimentaron nuestros abuelos. Espero que la manifestación del sismo, que el 02 de enero de 2026 se hizo sentir en diversos puntos del sureste mexicano, funja como poderoso catalizar respecto a la importancia de la cultura de la prevención.


Misa realizada en el Jardín Público de Coatepec.
Tomada del artículo del maestro Enrique Gregorio Zoza, publicado en Herencia histórica no. 4.


El Universal, 6 de enero de 1920.




Palacio municipal de Cosautlán